miércoles, 27 de agosto de 2025

Panorámica con sorpresa

Observaba la foto con detenimiento. Una panorámica de la ciudad de Toledo, al parecer datada en 1857. Fue desgranando todo aquello que conocía, al tiempo que aparecieron detalles totalmente desconocidos de la ciudad, muchos desaparecidos. No en vano, la ciudad había cambiado más de lo que aparentaba.

Así estuvo un buen rato, hasta que sus ojos se posaron en un punto totalmente conocido para él y lleno de recuerdos, una torre. Y al lado una plaza, que no se veía pero se intuía, lugar donde pasó algunos de los mejores momentos siendo muy niño. Y en esa plaza una casa que sí asomaba discretamente en la imagen y se dio cuenta de un hecho, miraba una foto hecha hace más de 150 años. Quién estaría en esa casa, en aquel momento y bastante ajeno a la toma de esa fotografía ¿Quizá sus bisabuelos?¿tatarabuelos?... O incluso quién sabe si alguno de ellos podría estar asomado a alguna de sus ventanas mirando en su dirección. En cualquier caso permanecerían totalmente ajenos a que 150 años después su biznieto o tataranieto estaría pensando en ellos. Qué cosas.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Un museo con... encanto

Cada día paseaba a lo largo de la gran sala. Era lo que tenía estar prejubilado y sin ataduras, podía dedicar su tiempo a lo que quisiese. Pero llevaba una temporada que casi todos los días entraba a primera hora en aquel museo, cuando todavía no habían llegado los turistas. De manera directa iba al mismo sitio, la larga sala llena con los retratos de los apóstoles, y en medio de todos ellos el Salvador. Y allí estaba durante un largo rato, tampoco excesivo, pero lo suficiente como para que la funcionaria que guardaba la sala se hubiese percatado de su visita casi diaria desde hacía tiempo. Aparecía por la escalera de acceso, iba desfilando lentamente por todos y cada uno de los retratos mientras parecía musitar algo, hasta que llegaba al fondo de la sala y desaparecía por el corredor con una ligera sonrisa dibujada. Y así de manera reiterada.

Pero aquella mañana hubo algo diferente. El hombre entró y fue transitando ante los diversos retratos, actuando de la misma manera, pero a medio camino de la sala se le acercó la funcionaria, lentamente. Él notó su presencia y se giró extrañado, no estaba haciendo nada raro como para que ella le llamase la atención. Se miraron directamente pero él no sabía qué estaba ocurriendo.

Tras unos instantes, en la cara de ella fue aflorando una sonrisa, casi pícara, que él no supo entender, hasta que se arrancó diciéndole:

—¿A usted también le hablan?

La cara del hombre era un poema y, pese a que abrió la boca en un intento de decir algo, no logró emitir palabra alguna. La reacción de él provocó, pese a que trató de evitarla, una sonora carcajada en la chica que resonó en la sala vacía.

Finalmente el visitante rehízo un poco la compostura y solo atinó a decir sinceramente:

—¿Usted también los escucha?

—No solo los escucho, hablan conmigo. Además alguno de ellos me ha tirado los trastos, pero obviamente estamos en planos totalmente distintos— Ante esto último sí que rieron los dos.

El hombre la miraba sin saber exactamente por dónde salir. Aunque sabía que su razón tenía. O, directamente, su sinrazón.

—Disculpe, pero sinceramente pensaba que eran pequeños delirios o juegos de mi mente que no adivinaba a comprender pero que en el fondo me resultaban reconfortantes. Yo, hablando con estas grandes figuras de la historia. Qué decir.

—Sí, es increíble— reafirmó la chica mientras le miraba atentamente y el tiempo parecía detenerse entre los dos. Tras ese rato aparentemente congelado, ella retomó la conversación:

 —¿Le gustaría discutir todo esto en torno a un café…? —Inmediatamente se escuchó un murmullo en la sala que cogió desprevenido a los dos y miraron alrededor pero no había nadie, Solo ellos y… los cuadros.

Los dos volvieron a reír mientras se miraban con complicidad.

—¿Y? preguntó ella tratando de que contestase a su pregunta.

—Creo que estaría bien —admitió él y añadió:

—Pero no aquí, Tomás es muy chismoso y un incrédulo..

—Sí, y Pedro lo niega todo tres veces y no le parecerá bien. Mejor a la cafetería. A media mañana tengo el descanso, si le parece bien.

Se despidieron mientras sentían las miradas de los apóstoles fijas en ellos. Ya les preguntarían en otro momento su parecer. 

martes, 23 de enero de 2024

La increíble historia del Hombre Bolo

Cuando les dijo a sus padres que se iba allí a estudiar filología española nos les convenció mucho pero les explicó que no hay lugar como Valladolid y alrededores para hablar correctamente el español, así que dieron el visto bueno aunque fuese a regañadientes. Y de allí no se había movido desde hacía tiempo tratando de aprender y asimilar el supuesto lenguaje puro del lugar.

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Había pasado mala noche; no solo por los nervios de la vuelta a casa, también el hecho de volver a ver a sus padres y, sobre todo, esperando que éstos estuviesen orgullosos de su hijo, ya licenciado y con los deberes hechos de un buen filólogo.

Ya le quedaba poco para llegar a la ciudad. El último tramo en autobús no se le estaba haciendo largo; la verdad es que su compañera de asiento era amena de conversación. Cuando le contó lo que había estudiado, ésta, alabó su vocabulario y dicción. Tiempo y dinero bien empleado dijeron ambos. Y eso que algo había que ensombrecía al joven. Pese a sus avances lingüísticos la sospecha de no ser tan ducho en la materia como aparentaba le tenía inquieto. Aún así, siguió con su conversación tratando de mostrar buenos modales lingüísticos y evitar malos pensamientos.

Tras un rato, en el horizonte, apareció la silueta toledana y algo se removió dentro que le llevó a dar un pequeño respingo. Su compañera le preguntó si le pasaba algo.

—Nada, nada. Solo un escalofrío, debe ser el gusto de volver a casa. Es que ¡alhaja! soy como el Almendro...

La mujer le miró sorprendida y el chico sonrojado le pidió disculpas. Pero de repente volvió a soltar un
—No me mires así que me va a dar un perrengue ¡copón!.

—¿Qué te pasa? —volvió a inquirir más sorprendida aún.

El chico no sabía dónde meterse. Las palabras salían sin poder evitarlo.

—Perdón, es que soy un tontolbolo ... —en ese momento el autobús hacía su entrada en la ciudad y el muchacho soltó —y es que ya estamos en mitad del medio y tengo que subir a Toledo en el katanga...

La mujer no salía de su asombro.

Y continuó diciendo —Bueno, vamos a ver, que creo que estoy montando un pisto por nada. Que esto es una risión, vaya...

Ella lo miraba pensando que dónde estaba ese chico tan bien versado con el que estaba hablando hacía unos minutos.

—¿Pero qué estas diciendo, por favor?

-—¡Arroz pegao! Ya quisiera yo, pero he pasado una noche toledana y estoy temoso a más no poder ¡Anda papo que...!

—Pero, oye! Creo que te estás pasando un poco…

—Pa'chasco, es que tiene que ser uno cabalito siempre cascando ¡Anda, bolo!

Afortunadamente el autobús entraba ya en la estación y aquello se iba a terminar. Qué momento, qué forma de volver a casa. Estaba claro que fuera de la ciudad era un tipo normal pero cuando llegaba a su pueblo se transformaba en el increíble Hombre Bolo. Sabía que algo le tenía inquieto ¡Jodío mochuelo!




Expresiones toledanas que le hacen a un toledano ser un buen Hombre Bolo:

Alhaja                                         Arroz pegao
Perrengue                                   Noche toledana
Copón                                        Temoso
Tontolbolo                                  Anda papo
Mitad del medio                         Pa'chasco
Subir a Toledo                            Cabalito
Katanga                                      Anda, bolo
Montar un pisto                         Jodío mochuelo
Risión

domingo, 24 de diciembre de 2023

Una estatua (o dos)

El paseo estaba resultando agradable por aquel parque prácticamente vacío y gozando de los primeros rayos del sol de primavera. Decidió sentarse en un banco de piedra, admirar un poco el paisaje y saborear la tranquilidad del lugar.

Inesperadamente escuchó un "buenos días" muy cercano que le sorprendió. Miró alrededor pero no vio humano a la vista. "Aquí arriba" volvió a escuchar. Levantó la mirada y efectivamente allí estaba, una estatua medianamente escondida entre dos árboles que lo flanqueaban.

—Buenos días —repitió el saludo la figura de piedra.

—Buenos días —respondió sorprendido el paseante.

—Sí que son buenos —continuó la estatua—. Con este sol, a ver si es posible que entremos en calor. Comprenderá que hecho como estoy de piedra es difícil calentar este cuerpo.

Nuestro hombre miró alrededor aún pasmado, y tras pensarlo un poco se lanzó a hablar:

—Y ¿qué tal, cómo va?, preguntó por decir algo.

—No voy a quejarme. Por fin, alguien con quien hablar.

—Ya, —y tras un momento de vacilación y mirando alrededor continuó —¿Y no puede con aquella otra estatua que está enfrente? —espetó por ver por dónde salía la cosa.

—Calle, calle. No hay quien le entienda. Es un antiguo, solo habla godo, y además mire qué adefesio de hombre. Una pena, oiga. Wamba, creo que se llama.

—Córcholis, un godo ¿Y usted es? ¿con quién tengo el gusto?

—Alfonso VII; rey de León, de Galicia, de Castilla, de Nájera, de Zaragoza, de Toledo, de Baeza y Almería… contestó mientras se le iba llenando el pecho de orgullo.
—¡Vaya! no es un cualquiera, si me permite decírselo.

—Para nada, señor mío. Por ello estoy aquí en lo alto. Además podría escribir un libro de tanto que han pasado ante mis ojos desde que me plantaron en semejante lugar. Aunque he de decirle que primero me colocaron delante del puente de San Martín; aquello no estaba nada mal, qué vistas y qué de gente pasaba. Luego ya me trajeron a este parque donde llevo más de un siglo. Aquí se está fresquito y muchas cosas han pasado desde entonces. Desde una guerra entre hermanos hasta señores en bicicleta, como el Bahamontes ese; y la feria todos los años, qué ruido y que mandangas. Pero por lo demás, tranquilo. ¿Y usted, qué?¿todo bien?

El paseante claramente afectado por la situación resopló y respondió desanimado:

—Pues ahora realmente no sé qué decirle. La verdad es que estaba haciendo tiempo antes de mi visita al médico.

—Qué me dice. Espero que no sea nada de gravedad.

El Godo
—Ahí es a donde voy. Que tengo cita con mi psiquiatra y yo pensaba que la cosa iba bien, pero ahora no lo tengo tan claro.
—¿Un psiquiatra? ¿Ese quién es? —preguntó el monarca pétreo.

—Un médico experto en problemas de la cabeza —. Ayuda con los problemas mentales y eso.

—¡Ah, ya! Yo tuve uno de esos.

—¿Y le ayudó?

—Más bien no. Fue al río atado de pies y manos. Trataba de meterse en mi cabeza y por ahí no pasé. Me dije: Alfonso, cuidado con este. Y antes de que fuese a más ¡zas, al agua!*

—Qué expeditivo es usted.

—A las malas hierbas hay que cortarlas de raíz que luego...

—En fin —le cortó el paseante, —debo irme. Creo que ya es suficiente. Muchas gracias y hasta otra, d. Alfonso. Que le vaya bien.

—Igualmente, mi joven amigo. Y cuídese de los médicos. A esos hay que tenerlos lo más lejos posible.

El hombre asintió con la cabeza y emprendió la marcha apresurado, pero al alejarse oyó unas palabras ininteligibles que le hablaban. Era el godo pero no se quedó a escuchar, con un desvarío ya había tenido suficiente. Aceleró aún más el paso tratando de salir de allí. A ver cómo le contaba esto al médico.



Un poco de historia:

Diseminadas por los alrededores de la muralla toledana podemos encontrar las estatuas de seis antiguos reyes españoles. Al parecer formaban parte de una serie de esculturas mandadas hacer por Fernando VI allá por el siglo XVIII para embellecer el Palacio Real de Madrid. La cosa no cuajó y las figuritas acabaron en un almacén hasta que alguien avispado de nombre Antonio Ponz, a la sazón secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, consiguió de Carlos III que fueran abandonando tal lugar con destino a diversos puntos de la geografía española. Ocho de ellas acabaron en esta ciudad, aunque dos desaparecieron durante la Guerra Incivil. Sisenando, Sisebuto y Wamba; y los Alfonsos VI, VII, y VIII son los que nos quedan. Los nombres no sabemos a ciencia cierta si son los suyos pues algunos de los personajes esculpidos perdieron el rótulo correspondiente con tanto peregrinaje. En cualquier caso ahí las tenemos, embelleciendo la ciudad.



*(Licencia poética. No sabemos a ciencia cierta si sucedió pero es seguro que de haber pasado merecido lo tendría).

martes, 19 de julio de 2016

Los caballeros de la Orden de Toledo

Dios los cría y ellos se juntan. O el diablo los junta, según se prefiera. Es un refrán perfecto para hablar del grupo que traigo a colación. Veamos la historia. En 1910 se funda en Madrid la Residencia de Estudiantes, centro mayúsculo que reunirá a algunas de las figuras que van a  revolucionar la cultura y la ciencia en España en los años siguientes.
Entre aquellos estudiantes nos encontramos a Luis Buñuel. El futuro cineasta tras una visita a Toledo, ciudad que le impresionó notablemente; influenciado por las vanguardias artísticas de la época, el Surrealismo y el Dadaísmo entre otros; y con una forma distinta de entender la vida creará la Orden de Toledo. Con semejante base la citada orden no podía ser más que algo delirante. Como delirante era la nómina de integrantes del grupo: Federico García Lorca, Salvador Dalí, Pepín Bello, Rafael Alberti...

Así que vista la base y el plantel el insigne Buñuel establecerá una serie de normas para la Orden:
- Amar a Toledo por encima de todas las cosas.
- Acudir a la ciudad una vez al año y dejarse llevar por ella.
- Vagar durante toda una noche por Toledo, borracho y en completa soledad. Cuestión esta de vital importancia.
-No lavarse durante la estancia. Mira por dónde el grupo se alojaba en la Posada de la Sangre, que no tenía agua corriente (como casi toda la ciudad en esta época), así que no les llevaba mucho.
-Y finalmente velar el sepulcro del Cardenal Tavera.

Dicha Orden por tanto podemos encuadrarla dentro de una de la muchas bromas de Buñuel pero, pese a ser una guasa, curiosamente llegó a tener bastantes adeptos. Incluso posteriormente el director hizo algunos guiños a su grupo a lo largo de algunas de sus películas como en Viridiana y Tristana. Así que la chanza fue de órdago.

Tomando a la residencia de Estudiantes como telón de fondo y a algunos de sus insignes estudiantes como protagonistas, el dibujante Juanfran Cabrera y el guionista Javierre, han creado una novela gráfica donde realidad y ficción van a ir de la mano; y donde Buñuel, Lorca, Dalí y sus amigos van a vivir unas cuantas aventuras en la España agitada de principios de siglo.

Técnicamente nos encontramos con una colección de cinco cuadernos de 32 páginas y a color, y publicados por la editorial Arian a través de micromecenazgo. Todo un reto a estas alturas.


Publicado el 11/12/2015

viernes, 15 de julio de 2016

Semana Santa Toledana

Fiesta de Interés Turístico Internacional

Domingo de Ramos
Viernes de Dolores











Lunes Santo



Martes Santo

Miércoles Santo






Viernes Santo










Jueves Santo


Publicado el 20/03/2016












jueves, 14 de julio de 2016

Gloria Fuertes

Cerca de casa hay una escuela infantil que lleva el nombre de Gloria Fuertes, la gran poetisa madrileña tan (creo yo) infravalorada. Y no puedo evitar sonreir cada vez que veo su nombre en el cartel de entrada. Desde siempre he tenido gran afecto por esta mujer y su poesía. Y eso que la poesía no es lo mío. Pero era difícil no disfrutar de sus rimas, y de su simpatía siempre desbordante cuando salía en televisión. Y más si eras un niño, porque yo la conocí como tantos por sus trabajos dedicados a la infancia, y más concretamente a través de su entrañable El Camello Cojito. Pero ella también escribió otras cosas, casi siempre con su toque surrealista e irónico. Entre ellas esta obra dedicada a esta ciudad, en la que no se sabe si la ensalza, la critica o, como siempre, es que simplemente se ríe de todo. Qué grande.

TOLEDO

Con la bufanda del río
Toledo se abriga del frío.
Con la campana mayor,
se quedó sordo un señor.
Con la tajada del tajo
un perro se vino abajo
y los árabes con destreza
convirtieron el agua en belleza.
Fijaos bien en lo que os digo:
quinientos curas y ochocientos mendigos
forman este pueblo que corte ha sido.
—Comprensión y pesetas a Usía pido,
que yo soy de los guías en mejor “guío”.
Comprensión y pesetas le pido a Usía,
yo soy de los turistas el mejor guía.
—¡Vean la Sinagoga y el Alcázar Real,
disfruten con el entierro del Conde Orgaz!
(En Zocodover hay un autocar,
y en el Tajo una viuda se ha echado a navegar).
La ciudad está vieja
y no va más,
aún llegan al encanto de su agonizar,
vamos turistas, vamos allá,
¡antes de que caigan la noche y la Catedral!

Publicado el 21/05/2015

miércoles, 13 de julio de 2016

Cruces de término.

"Y llegó Gutierez Tello, corregidor desta ciudad, y mandó poner cruces en los caminos reales de
Parque del Crucero
 entrada a la misma. Tantas como fuesen necesarias. Y cuatro se colocaron. Una en el camino a Madrid, otra en el de Valladolid, una más en el camino a Sevilla junto a San Servando y una última cerca del puente de San Martín".
                                                                       De las Fábulas Toledanas.

Obviamente las Fábulas Toledanas no existieron. Me he permitido una pequeña licencia para introducir nuestras Postales Toledanas de hoy. Pero la historia y el aludido sí lo son, como vamos a ver.

Al igual que sucedió en muchas ciudades de España, Toledo, vio marcadas sus principales vías de entrada a la ciudad con cruces de término o humilladeros. El término humilladero proviene de la inclinación que los fieles realizaban al pasar por su lado, humillándose ante la cruz, representando pequeños lugares de devoción.

Carretera de Piedrabuena
Juan Gutierrez Tello fue nombrado corregidor de esta ciudad por Felipe II en la década de los setenta del siglo XVI. Entre sus diversas obras destacó, amén de lo indicado, por su defensa a ultranza de la fe católica. Esto lo llevó a arrancar por orden del monarca inscripciones en árabe que se hallaban diseminadas por la ciudad y que supuestamente atentaban contra la verdadera religión. Así mismo puso todo su empeño en dar más empaque a la procesión de Corpus Christi, y a crear obras más mundanas como el Paseo del Miradero y la Alhóndiga.

Durante algunos años mi infancia transcurrió cerca de dos de esas cruces mencionadas al principio. Una, la del antiguo camino real a Madrid, fue en la que más tiempo pasé, pues se encontraba en un parque muy cercano a mi casa y en el que se me iban las horas jugando.
La otra, quedó incorporada al jardín de un colegio construido en los setenta del siglo XX y en el que estudié mis primeros años de EGB. Estaba situado junto a la carretera de Ávila y daba inicio a la avenida de Barber. Hace unos años, cuando se hicieron las obras de la nueva carretera de entrada a la ciudad desapareció, como tantas cosas, misteriosamente. Tan misteriosamente que solo quedan dos de las cuatro cruces.

Publicado el 22/04/2015

martes, 12 de julio de 2016

Pisando muertos

En este pueblo, por pisar, pisamos hasta a los muertos. Y no, no es ninguna exageración. Aunque supongo que será algo extensible a muchas otras ciudades.
Me explico. Desde que esta ciudad fue fundada, los enterramientos de los fallecidos (obviamente) se hacían a las afueras de la ciudad pero cercanos a la misma. Los romanos creían que una forma de perpetuar su recuerdo era enterrando a sus muertos cerca, de forma que al ver sus tumbas se acordarían de ellos y siempre estarían en su memoria. Pero los muertos allí y los vivos aquí. Es por ello que en los caminos de entrada a las ciudades se podían ver gran número de sepulturas. De manera similar los musulmanes y judíos también enterraban extramuros.
Cuando el cristianismo empieza a imponerse en España la cosa cambia. Los feligreses quieren ser enterrados intramuros en sus correspondientes parroquias, o cerca del santo/a, Cristo o Virgen de su predilección. Y ciudades como Toledo que tienen un gran número de iglesias comienzan a ver como el terreno alrededor de ellas se van llenando de tumbas. Y con el tiempo, personas de renombre o benefactores de sus parroquias serán enterrados dentro de ellas. Así nos encontramos con que el número de toledanos bajo tierra terminará siendo superior a los que todavía andan sobre ella.
Pero hay un gran problema. En ciudades como esta, rodeadas de una muralla, el espacio es limitado y hay muchas parroquias. Pese a todo, cuando se necesitaba más amplitud y alguna iglesia había caído en desuso o había sufrido algún incendio o cuestión similar se demolía junto con su cementerio, se echaba una capita de arena encima, se construía de nuevo y ahí debajo quedaban los muertos. Y así espacio a espacio, y capa a capa.
Por lo tanto cuando se camina por las calles de Toledo es fácil hacerlo sin darnos cuenta sobre uno de los muchos camposantos que existieron en la ciudad. Al final vivos y muertos todos juntitos.

Sin embargo, en los últimos años, nos estamos percatando del enorme cementerio que supone Toledo. Y no hablo solo de intramuros. Toda la zona norte de la ciudad está plagada de enterramientos de las diferentes religiones que habitaron aquí. De hecho, cada vez que tratan de edificar aparecen restos humanos, con lo cual se deben paralizar las obras hasta que se procede a retirarlos. 
El último episodio lo encontramos al construir el edificio Quixote Crea, último mamotreto paralizado por falta de fondos y que previamente se llevó por delante cientos de tumbas sin que a las autoridades políticas competentes les importase una mierd... En fín, al lado de este han aparecido más restos. Lo que demuestra la inmensa necrópolis que había en la zona. En la foto se pueden apreciar las tumbas y la labor que los arqueólogos han realizado.

Por lo tanto, en torno a un kilómetro y medio alrededor de toda la muralla norte de Toledo nos encontramos con un inmenso osario, del cual todavía nos queda mucho por descubrir. Así que, por favor, cuando pasen por la zona traten de no molestar mucho a los vecinos de abajo. No son quisquillosos pero nunca se sabe.

Publicado el 19/03/2015

lunes, 11 de julio de 2016

Viaje por el tiempo.

Qué ciudad esta tan increíble. En unos pocos kilómetros cuadrados nos encontramos con una de las mayores concentraciones de historia y arte que existen en Europa. Más de 100 monumentos declarados de interés cultural. Con sus más de 2000 años de historia podemos decir de ella que es un buen lugar para cualquier estudiante de historia o de arte. O sencillamente para todo aquel que quiera sentir la huella del tiempo en la ciudad de Toledo.
Vamos a ver ese paso del tiempo transformado en imágenes que nos enseñan los diferentes vaivenes que ha sufrido la ciudad desde su nacimiento y la mano que las diferentes culturas han dejado en ella. Que esto no se ha hecho en unos pocos meses ¡vaya!

Primeros asentamientos 1800 a.C.-1200 a.C.
Posteriormente castro celtíbero Siglos IV-III a.C.
Cerro del Bu

Imperio Romano Siglo II a.C.-IVd.C.
Circo-Siglo I
Reino Visigodo Siglos V-VII
Restos godos reutilizados en fachadas.






El Islam Siglos VIII-XI Puerta Vieja de Bisagra Siglo IX




Románico Siglos XI-XIII
Pinturas en Iglesia de San Román Siglo XIII





Mudéjar Siglos XII-XVI Convento Santa Isabel S. XV-XVI

Gótico S. XIII-XVI
Catedral S. XIII-XVI





Renacimiento Siglo XVI
Museo de Santa Cruz S. XV-XVI



Barroco Siglos XVII-XVIII
“Transparente” de la Catedral de Toledo 1729-1732









Neoclasicismo S. XVIII Palacio del Cardenal Lorenzana-1795





Modernismo S. XX Balcones de la Plaza de Zocodover 1907





Neomudéjar S.XX Estación de ferrocarril 1917-1919







Arquitectura contemporánea S.XX Escaleras de la granja 1997-2000





En el siglo XXI Palacio de Congresos 2013



Después de este recorrido, aparte de descansado, seguro que te sientes un poquito más joven.

Publicado el 22/10/2014

domingo, 10 de julio de 2016

Sefarad

Bajo una noche estrellada, una suave brisa me trae aromas de celinda.
Gratos recuerdos en mi mente y una confortable calidez en mi seno.
Una fiesta, un momento,
alguien y una mirada.
Músicas que festejan a un amor que asoma.
Un futuro en sus ojos,
Judería desde el antiguo barrio de Montichel.
un porvenir que se levanta.
En Sefarad encontré lo que no buscaba,
un alguien y un mañana.
Con las bendiciones de mi padre
y dando gracias a Yahveh
un mundo nuevo ante mí se mostraba.

En Montichel tendremos un primer hogar,
más adelante quién sabe
si en Hamanzeite o Alacaba.
Pero en Toledo, ciudad mía
sé lo que tendré:
A Dios, un amor y una vida.
En el centro de Sefarad gracias Te doy
porque me has respondido,
mientras la música festejaba a ese amor que nacía.


Si hay una música intrínseca a la época medieval en la ciudad de Toledo es la música sefardí. La que surge cuando los judíos españoles adaptaron las canciones tradicionales castellanas y las acompañaron de instrumentos árabes. Una fusión artística como tantas otras que se produjeron a lo largo de la historia. Fusiones que no entienden de religiones, razas, sexos... y que solo sirven para enriquecer aún más la cultura y estrechar vínculos.
Y en esta ciudad donde la fusión se encuentra por todos sus rincones aún aparece algo más donde menos lo esperas. Una composición medieval castellana interpretada por una mujer del siglo XXI con un instrumento sueco casi desconocido, la Viola_de_teclas.
Así que, amigo lector, cierra los ojos, imagina que paseas bajo una noche estrellada con aromas de celinda y déjate llevar por esta música. Medicina para el alma.

Publicado el 18/05/2014

sábado, 9 de julio de 2016

El alcaná toledano

«Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y, como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con caracteres que conocí ser arábigos. Y, puesto que, aunque los conocía, no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese; y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues, aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara. En fin, la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio, y, leyendo un poco en él, se comenzó a reír.
Cuatro Calles, inicio del alcaná
Preguntéle yo que de qué se reía, y respondióme que de una cosa que tenía aquel libro escrita en el margen por anotación. Díjele que me la dijese; y él, sin dejar la risa, dijo:
–Está, como he dicho, aquí en el margen escrito esto: "Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha"».

Capítulo IX-El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Alcaná toledano: Barrio de la Judería Menor donde se encontraban los establecimientos de los mercaderes judíos. Tras la expulsión de estos de la ciudad la zona comercial se ampliaría a toda la superficie que rodea la Catedral.

Publicado el 07/05/2014

domingo, 3 de julio de 2016

El águila de la ciudad

Hoy vamos con unas de esas visiones que algunos vemos, queremos ver o nos gustaría ver de esta querida ciudad en la que vivo. Visiones por mi parte que no pasan de ahí si quien está al otro lado leyendo no le pone un poquito de imaginación, o al menos lo intenta. Y no, no he fumado nada, ni he tomado ninguna pastillita de colores que me permitan ver a Lucy en el cielo con diamantes.

Hace bastante tiempo me encontraba sentado al atardecer frente a esa espectacular vista de la ciudad de Toledo con alguien muy cercano. Estábamos hablando sobre la propia ciudad al tiempo que nos pinchábamos el uno al otro con preguntas en una especie de juego Trivial con el ¿has visto eso?¿te has fijado en aquello? Cuando en medio de la conversación me suelta ¿has visto al águila de Toledo? Me quedo callado pensando. De primeras entiendo que se refiere al gran ciclista toledano y agudizo mis ojos pensando que lo ha visto en la lejanía. Pero obviamente no puede ser porque hay demasiada distancia como para distinguir siquiera alguna figura. Le miro con cierta perplejidad pero él sigue con la vista perdida en la lejanía. Le pregunto que qué me quiere decir.
Se sonríe y me increpa burlonamente: "¿eres de Toledo y no ves al águila?". Mi perplejidad se convierte en confusión total, no sé a qué se refiere. Sin decir nada extiende su brazo hacia el lado oeste y va dibujando con él una línea imaginaria que contornea todo el perfil de la ciudad, mientras me indicaba que imaginase la figura de un águila en pleno vuelo, con sus largas alas extendidas planeando sobre el Tajo.
No sé si se está quedando conmigo. La verdad es que el tío es un guasón y se ríe hasta de su sombra pero ahora creo que habla en serio.
Ahora el que me mira todo serio es él. "Fíjate bien y ponle un poquito de gracia al asunto, hombre".
Yo miraba pero no veía. Y cuando estaba a punto de mandarle a la porra comenzó a encenderse el alumbrado de la ciudad. Y allí estaba. El águila en pleno vuelo tal cual ave fénix.

Publicado el 02/02/2014

sábado, 2 de julio de 2016

Los molinos de Consuegra

«En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
–La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
–¿Qué gigantes? –dijo Sancho Panza.
–Aquellos que allí ves –respondió su amo– de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
–Mire vuestra merced –respondió Sancho– que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
–Bien parece –respondió don Quijote– que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.»

A 62 kilómetros de Toledo y ya dentro de la región de La mancha nos encontramos uno de los municipios más emblemáticos de la provincia, Consuegra. Destacando desde gran distancia podemos apreciar a lo largo del cerro Calderico la silueta inconfundible de los molinos de viento, característica sustancial de toda la zona manchega.
Vistos al pie del susodicho cerro se vienen a la mente escenas literarias sobre las que alguien tendría mucho que decir (y más interesante sin duda). Es fácil imaginar al sin par Don Quijote ante ellos, en estado febril, creyendo ver gigantes contra los que debe luchar y así honrar a su Dulcinea. Pero no, nos encontramos ante uno más de los muchos tesoros de la región. También debemos decir que no fueron éstos los molinos donde D. Miguel de Cervantes sitúa la famosa escena de Don Quijote. Ésta debemos localizarla más al sur, en el ciudadrealeño Campo de Criptana.
Pese a ello, y desde lo más alto de la crestería, con los molinos a mi lado y La Mancha a mis pies resonaba en mi cabeza el rock de Asfalto y su Rocinante.

Publicado el 12/12/2013

viernes, 1 de julio de 2016

La Catedral de Bécquer

«¡La Catedral de Toledo! Figuraos un bosque de gigantescas palmeras de granito que al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal y magnífica, bajo la que se guarece y vive, con la vida que le ha prestado, el genio, toda una creación de seres imaginarios y reales.
Figuraos un caos incomprensible de sombra y luz, en donde se mezclan y confunden con las tinieblas de las naves los rayos de colores de las ojivas donde lucha y se pierde con la oscuridad del santuario el fulgor de las lámparas.
Figuraos un mundo de piedra, inmenso como el espíritu de nuestra religión, sombrío como sus tradiciones, enigmático como sus parábolas, y todavía no tendréis una idea remota de ese eterno monumento del entusiasmo y de la fe de nuestros mayores, sobre el que los siglos han derramado a porfía el tesoro de sus creencias, de su inspiración y de sus artes.»

La ajorca de oro-Leyendas
Gustavo Adolfo Bécquer

Publicado el 27/11/2013

jueves, 30 de junio de 2016

A una librería

—Hola Manolo ¿qué haces tú por aquí?
—Me ha tocado repartir esta zona porque los de arriba quieren quitarse unas sacas de correo que llevan años en un rincón y no saben qué hacer con ellas.
—¡A la vejez viruelas!
—Ya te digo. Y la cuestión es que hay destinatarios que ya no hay manera de dar con ellos.
—¿Tan antiguas son?
—Algunos se han muerto, otros se han mudado... Vaya, de lo que llevo, la mitad ha vuelto a la bolsa.
—Pues peso para venir y casi lo mismo para volver.
—Qué le vamos a hacer. Oye, una pregunta, tú que llevas más tiempo aquí. Tengo por lo menos una docena de cartas para una librería en la calle del Ángel ¿la conoces? Es que no la encuentro.
—¿La librería judaica?
—Sí, efectivamente.
—Desgraciadamente la cerraron. Tuvieron problemas.
—¿Qué me cuentas?¿Qué hicieron los de la librería?
—Pues ser judíos.
—Pero ¿qué motivo es ese? Cada uno es de lo que le da la gana ¿no?
—Así debería ser pero algunos no piensan igual. Ya sabes, los extremistas. Y me da lo mismo los de un lado que los de otro, porque fueron unos los que pintaron la fachada con esvásticas y los otros con proclamas a favor de Palestina y contra Israel. En fín, que juntamos churras con merinas, algo muy típico en este país.
—¿Así que tuvieron que cerrar?
—Ya te digo. Queremos vender la idea de la ciudad de las tres culturas, la convivencia de las religiones y todo eso y al final volvemos a la edad media. Solo falta la inquisición.
—Pues una pena, y ¿no la han abierto en otro sitio?
—Que va, Manolo. Supongo que tendrían miedo, porque lo último que yo supe es que quisieron quemarles la tienda, los muy cobardes.
—Pero... pero... ¿cómo se puede hacer semejante barbaridad?¿Estamos locos o qué?¿hubo desgracias personales?
—No, creo que lo propios vecinos ayudaron a sofocar el incendio. Pero imagínate el susto.
—Me lo cuentas y no me lo puedo creer ¡qué canallas!
—En fín, es lo que hay. Espero que tarde o temprano podamos apartar a esos sinvergüenzas y no repetir la historia.
—Me has dejado de piedra, tío. Creo que ahora va a repartir lo que queda la abuela de Recesvinto. Me voy a casa. Mañana será otro día.

Calle del Ángel: Vía que atraviesa de parte a parte el barrio de la Judería toledana

Publicado el 26/10/2013

miércoles, 29 de junio de 2016

Esta calle es de Toledo

Uno de los problemas que solían tener las ciudades como Toledo siglos atrás venía dado por el espacio. Es verdad que su casco queda determinado por su historia, una ciudad encajonada, rodeada de murallas y un río, determinada por una influencia morisca de varios siglos, calles intrincadas y sinuosas, calles y callejones, muchos sin salida, recovecos constantes, llevándonos incluso a perder el norte de nuestra propia brújula y creernos perdidos tal cual Teseo sin hilo en el laberinto de Minotauro. Mitologías aparte, la actual disposición de la ciudad se produce por el aprovechamiento extremo de los espacios intramuros, uniendo solares adyacentes o tendiendo puentes con otros situados en la acera contraria, llegando incluso a apoderarse de vías públicas. Seguramente muchas calles, travesías, pasajes, costanillas, etc, han sido fagocitadas por esa necesidad de crecimiento de la propia ciudad y sus habitantes. Aún así nos encontramos con ejemplos en los que los poderes públicos han hecho sus deberes (las menos de las veces, todo hay que decirlo) y se ha conseguido que esos viales de titularidad pública hayan seguido en manos de los ciudadanos. Para ello, y por si quedaban dudas, se fija un cartelito que lo deja bien claro: "Esta calle es de Toledo". Y para muestra un botón, aunque hay otros por la ciudad.

Publicado el 9/10/2013

martes, 28 de junio de 2016

¿Es lo que ves?


Paseando por esta ciudad tan llena de curiosidades, en la que te puedes encontrar de todo, es interesante de vez en cuando mirar hacia arriba. El porqué viene determinado por varias cuestiones. La primera, muy importante, es detectar el posible movimiento de palomas (dícese de la rata con alas) tan extendidas por las ciudades y que suelen tener la fea costumbre de cagarse encima de uno sin importarles lo que les puedes llamar a continuación. A fin de cuentas ellas ya se han quedado a gusto y poco les importa lo que les puedas decir.

La segunda, y motivo de esta entrada, es el trampantojo. Según la RAE un trampantojo es una trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es. Si miramos con cierto detenimiento nos vamos a encontrar en unas cuantas fachadas el uso de esta técnica pictórica que sirve, dentro de la arquitectura, para embellecer murales sin necesidad de utilizar materiales de construcción, e incluso, añadir elementos que la propia arquitectura no nos permitiría.

Cuando Toledo comienza su decadencia como ciudad principal en favor de Madrid, muchas de las casas son abandonadas produciéndose el deterioro de las mismas. Una de las maneras que tuvieron de darlas cierto empaque sus posteriores dueños fue a través del trampantojo. Y la verdad es que hay algunos que son verdaderas obras de arte. Aunque el trampantojo más impresionante que hay en Toledo es de interior, se encuentra en la sacristía de la Catedral, ocupa 250 metros cuadrados y fue realizado por Luca Giordano a finales del siglo XVI.



Publicado el 1/10/2013

lunes, 27 de junio de 2016

Cruces en Toledo

Calle Buzones
Plaza Sto. Domingo El Real

Cuando uno tiene la suerte de poder perderse por las calles de esta Ciudad se da cuenta de la cantidad de iglesias, conventos y demás edificios de carácter religioso que puedes encontrar a tu paso. Es la herencia de siglos de Cristianismo y, sobre todo, de la primacía de la Diócesis de Toledo sobre las demás sedes. Y aún cuando la capitalidad política del Reino se trasladó a Madrid con el segundo Felipe, Toledo, siguió siendo el centro religioso.
Es posible que las laberínticas y estrechas calles no nos permitan distinguir en un momento dado el edificio que tenemos delante pero curiosamente nos podemos topar con algo que nos desvela que el edificio en cuestión es una de las muchas iglesias que hay en la ciudad. Aunque a simple vista no veamos ni su puerta, ni rótulo o cartel que lo indique nos encontramos con una gran cruz de madera en uno de los muros exteriores. La cuestión es que vemos esa gran cruz y nos preguntamos: ¿ésto que pinta aquí?. La susodicha no solo nos indica la existencia de una iglesia sino que al otro lado de la pared se haya un retablo con su sagrario, o sea, lugar donde se guarda el Santísimo Sacramento. Lo que no sé es de dónde proviene esta práctica ni porqué se realiza, y es verdad que lo he visto en otras ciudades, pero es llamativo y curioso.
Calle de los Carmelitas


Plaza de Carmelitas Descalzos

Calle de Santa Isabel











Publicado el 14/09/2013